miércoles, 22 de febrero de 2017

¿Por qué corro?

¡Hola audaces!

Si os digo la verdad no falla el día en que alguien me pregunte por qué corro.

"Pero, ¿por qué te gusta correr?"

"¿No te cansas de hacer una actividad tan repetitiva?"

"Si tu idea es perder peso, lo mejor son otras actividades."

"¿No te duelen las piernas luego?"

"¿No te aburres?"

"¿No te cansas?"

"¿No te parece una tortura?"


Para todas esas personas que ven el correr como una tortura, debo admitir que yo solía verlo igual que ellas. Todo se remonta a esas mañanas de colegio e instituto en las que más dormida que despierta los profesores nos lanzaban a los patios del colegio en frías mañanas de diciembre y enero o en calurosas tardes de mayo y junio. ODIABA correr, es más cuando llegué a los 14 odiaba cualquier tipo de actividad física existente. Para mí educación física era una tortura, porque me quitaba tiempo para hacer cualquier otra cosa que se me antojase en clase y no llegaba a entender por qué iba a necesitar yo actividad física alguna.

Ay... mi inocente yo de 14 años, qué poco sabía de la vida en general y del deporte en particular...

Con el paso de los años, empecé a preocuparme cada vez más del tema deportivo, sobre todo cuando empecé a darme cuenta de que mi forma física y mi resistencia me dejaban bastante por detrás de todos mis compañeros que hacían deporte de forma regular y que solían dejarme al final de las escaleras mientras ellos las subían con una pasmosa facilidad.

Otras de las razones por las que empecé a interesarme específicamente por las carreras y por la actividad de correr en concreto fue gracias a mi padre. Si bien en su juventud había gozado de un gran físico, con el paso de los años y un estilo de alimentación no muy sano, su forma física había empezado a decaer, por lo que una parte en su cerebro se había activado y había decidido empezar a correr. Con lo cual no tuve más remedio que preguntarle todo aquello que circulaba en pensamientos cíclicos por mi cabeza cada vez que le veía ponerse sus mallas negras apretadas y sus camisetas fosforitas.

"Pero, ¿por qué te gusta correr?"

"¿No te cansas de hacer una actividad tan repetitiva?"

"Si tu idea es perder peso, lo mejor son otras actividades."

"¿No te duelen las piernas luego?"

"¿No te aburres?"

"¿No te cansas?"

"¿No te parece una tortura?"

Mi padre me había explicado mil veces que correr le despejaba para trabajar mejor, que le ponía de a mis 18 me propusiese seriamente comenzar a correr por mí misma. Aún recuerdo los primeros días: un total y absoluto infierno. ¿Cómo era aquello posible? ¿Dónde estaba mi resistencia? ¿Dónde estaba el disfrute? ¿Dónde estaban mis pulmones, mi hígado, mis piernas? ¿Por qué correr a mí no me sentaba bien?
buen humor y que había aumentado su resistencia física y mejorado su salud. Aun así tuvieron que pasar los años para que

Tras mi primera semana corriendo, Recuerdo que lo dejé, y cuando mi padre volvió a preguntarme qué tal lo llevaba, mentí diciendo que no tenía tiempo y que había decidido dejar de lado las carreras por los estudios. Lo único que hice realmente fue retrasar un año lo inevitable... cogerle el gusto a correr.

Lo admito, no fue nada fácil. PERO NADA FÁCIL. Pero en el verano de mis 18 más o menos, comencé a andar todas las tardes, comencé a explorar mi barrio, los barrios vecinos, los grandes parques de Madrid y una tarde, decidí que no iba a andar, si no a intentar correr. Como podéis suponer... no fue una buena idea. Aún seguía sin una forma física suficientemente resistente, además de no contar con el mejor calzado o la mejor ropa. Como resultado acabé con un horrible dolor de pies y rodillas, ampollas y medio pulmón perdido en mitad del Retiro.

Entonces hice algo que jamás pensé que terminaría haciendo: estudiar cómo correr. Puede parecer una tontería, pero para poder hacer un buen desarrollo de un deporte, al final no vale sólo con practicarlo, hay que estudiar ciertos matices del mismo. Leer todo aquello que leí y que aún hoy sigo leyendo, me ayudó no sólo a mejorar y a tratar con cuidado mi cuerpo, forzándolo poco a poco, si no también me motivó a querer mejorar.

Encontré historias de gente como yo, historias de gente que aguantaba mucho menos tiempo corriendo al principio y que posteriormente había logrado hacerse maratones. El gusanillo de aquel reto comenzó en mi interior, y comencé a correr. Al principio recuerdo que llegar a un kilómetro era una tortura, lo peor era ver a otros corredores pasarme como si aquello no fuese nada. Pensé en dejarlo muchas veces, pero una vocecilla en mi interior me gritaba que saliese a correr. Yo no me había dado cuenta, pero en pocas semanas el kilómetro fue mío, además la sensación posterior a la carrera me llenaba de energía, pese a que acababa de fundir lo que yo creía que era todo de mí horas antes.

Comencé a darme cuenta también de que no me costaba tanto subir escaleras, coger peso o simplemente andar. Que las digestiones habían mejorado y que mis estados de ansiedad habían empezado a disminuir enormemente.

Con el paso de los años he tenido momentos en los que he tenido que dejar de correr por cuestiones de tiempo, horarios o climatología, pero SIEMPRE he vuelto. En el fondo es una droga, porque no nos engañemos, cuando corremos el cuerpo suministra sustancias que para nuestro cerebro son drogas, por eso engancha, porque después de tanto dolor, nuestro cuerpo nos droga. Pero no sólo engancha por eso, si no también por los cambios que ves en tu cuerpo y en tu resistencia, en cómo vives la vida.

Esa pequeña tortura que empieza a cargarte las piernas poco a poco hasta que parece que arden es adictiva. Eso es lo que me gusta tanto de correr, la adicción que crea. Además de otro punto muy importante: ese momento de soledad. Soy una persona que necesita de vez en cuando alejarse del resto para poder recargarse. Me gusta estar sola. Sé que hay gente que no lo soporta, pero a mí me gusta, no me aburro cuando estoy sola, es más tengo mil cosas que hacer. Cuando corro, utilizo ese tiempo sobre todo para reflexionar, para analizar situaciones, despejarme del trabajo, de malos momentos, del estrés, de cualquier posible problema. Pero no huyo de él, lo analizo, lo machaco y cuando regreso de correr tengo la solución o al menos unas guías.

Por eso corro, porque es mi vía de escape, mi meditación diaria, mi forma de mejorar físicamente, de resistir, de descubrir nuevos lugares de mi ciudad, de aumentar los kilómetros que soy capaz de recorrer día a día.

Además de para tener la suficiente resistencia como para que cuando comience el apocalipsis zombie sea capaz de huir de esos condenados come cerebros. 

Corro para recargarme de vida.

¿Y vosotros, audaces?  ¿Corréis? ¿Bailáis? ¿Jugáis al baloncesto?

¡Quiero que me contéis qué hacéis para recargaros de vida!


Nos leemos pronto,

Sil. 

2 comentarios:

  1. Pues yo intento correr pero si no es por una cosa es por otra, y que tengo la resistencia de un gatito recién nacido. No sé cómo hacer para motivarme a salir al principio que es cuando más cuesta, ¿alguna idea?

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    1. ¡Hola!

      Lo primero es darte gracias por leer la entrada y por dejar el comentario.

      Respecto a lo que me preguntas, antes de nada tienes que mentalizarte sobre salir a correr y no hacerlo de manera negativa. El cerebro es un órgano al que se le puede engañar muy fácilmente (sólo tienes que fijarte en las ilusiones ópticas) llena la cabeza de pensamientos positivos antes de salir a correr, SIEMPRE, y durante la carrera igual, aunque notes que te estás desintegrando, SIGUE.

      A mí también me ha ayudado MUCHO rodearme de gente que corre y a la que le gusta el deporte, porque al final te meten el gusanillo de correr a ti también, es inevitable. Si nadie de tus conocidos quiere seguir este tipo de ejercicios las redes sociales también son un buen sitio donde encontrar a gente con la que motivarte y a la que admirar. ¿No has visto alguna vez una foto de alguien y has pensado eso de "Ojalá yo pudiese"? Pues poder PUEDES, de verdad, lo único es que hay que ir paso a paso.

      Y lo mejor para ir paso a paso, es literalmente ir PASO a PASO. Empieza andando durante un par de minutos y correr otro, y así hasta completar el primer día 15 minutos, cada día añade cinco minutos más (o simplemente un par) y sigue variando con los tiempos de andar y de correr.

      Lo más importante es no sobresforzarte y terminar con alguna lesión, fuérzate, pero controla tus límites para no hacerte daño ¡No queremos eso!

      Si tienes alguna duda más o cualquier cosa que necesites, ¡no dudes en preguntarme! No soy experta en el tema, pero creo que precisamente por eso, sé mejor como ayudar a los principiantes jajajajajaa.

      ¡Muchos besitos y espero que me cuentes qué tal te va!

      Sil.

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