martes, 25 de octubre de 2022

Complejo de Mr. Darcy

 

Tengo complejo de Mr. Darcy. No, no es que sea un joven adinerado que piensa que todo el mundo a mi alrededor goza de una inferioridad nata y de que solo unos pocos logran cruzar la línea de la perfección.


Tengo complejo de Mr. Darcy porque las palabras se me atascan en la punta de la lengua cuando más deben salir. Porque preferiría describirte en cien mil palabras todo el dolor que alguien me ha causado a simplemente decirte: “Le quise, y a él le dio miedo”. Porque, pese a que la mayor parte de personas se quedan con su frialdad, con la manera en la que desprecia al resto, Mr. Darcy siempre me cautivó porque lo entendí.

Tengo complejo de Mr. Darcy porque me he visto reflejada en todos sus defectos.

Sí, defectos.

Relee “Orgullo y prejuicio” si lo necesitas para darte cuenta de que Mr. Darcy era más como un gato asustadizo, asocial, al que le disgustaban los ambientes plagados de personas falsas, que sufrió por ver a su hermana pequeña con el corazón roto; pero que aun así, fue lo suficientemente misericordioso como para no buscar venganza, sino solo buscar proteger a su familia.

El hombre que, pese a que el resto pensaba que tenía y podría tenerlo todo, lo único que buscaba era esa otra fuerza capaz de contrarrestar su miedo. Alguien capaz de atravesar la coraza y de demostrarle que no todos a su alrededor son meras marionetas que se dejan guiar por el estatus y el dinero. Eso fue para él Lizzy.

“Orgullo y prejuicio” no es la historia de cómo una joven pone en su lugar a un aristócrata rico y prejuicioso, ¡NO! (bueno, un poquito sí…). Esta novela de Jane Austen tiene muchas más capas y una de ellas, una de las que más rabia me da que pase desapercibida, es la inseguridad, la soledad y el miedo de Mr. Darcy.

No, el señor de Pemberly no es perfecto, es una persona aterrada, incapaz de comunicarse con la única persona con la que de verdad quiere hacerlo, celosa del resto y dispuesto a hacer lo correcto sin ser laureado. Ese es el Mr. Darcy del que caí prendida aquella vez que leí por primera vez la novela y del que me enamoro cada vez que la releo.

Tengo complejo de Mr. Darcy porque yo también me siento la “rarita” de la fiesta, yo también siento que puedo llegar a ser más carga que diversión, yo también prefiero encerrarme en mi casa a estar en una sala rodeada de gente y aguantar las miradas, yo también escribiría diez mil folios a la persona que quiero antes que decírselo a viva voz porque hay ocasiones en las que mi lengua se enreda y la única manera en la que puedo expresarme es mediante la escritura.

Por eso, soy más Darcy que Lizzy, más de quedarme prendada de tu mirada y luego pensar en que te tendría que haber dicho que he visto las estrellas en la oscuridad de tu pupila, en que el mar tiene envidia al azul de tus ojos y en que esa medio sonrisa que me regalas cuando estás nervioso es como ver una supernova; pero nunca lo hago, aunque tengo un cuaderno lleno de todas las palabras que no te he dicho a la cara, pero en las que no puedo dejar de pensar.

Palabras.

Curioso cómo decir “te quiero” sin decir “te quiero” puede ser mucho más fácil cuando comparas a alguien con la naturaleza.

P.D: a lo mejor ha llegado el momento de releer una vez más a mi rarito social aristócrata favorito.


No hay comentarios:

Publicar un comentario